| Calificación // |
    Película pequeña, llena de simbología y de inteligencia. |
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| Francia
(Argentina -
2009) |
Francia parece una película desprolija, hecha de jirones. Podríamos decir que de jirones de calidad, porque es verdad que es bastante irregular, pero también de jirones de genialidad, porque hay aquí y allá varios apuntes magistrales que muestran en paralelo las diversas capas de lectura que manejó Adrián Caetano para construirla. Francia es una película pequeña en su proceder, pero enorme en sus ecos: cuando la vemos genera extrañeza y confusión; cuando termina parece un producto redondo y simple; pero cuando la repensamos dice muchas cosas sin aparentar decirlas. Y ese es, tal vez, su mayor logro. Cuando la generación de directores a la que pertenece Caetano -sin menospreciar- quiere jugar ya en las grandes ligas (y pienso en Carancho, en Dos hermanos) Caetano hace un loop, vuelve a su cine con subtexto social y casi punk en su economía de recursos técnicos y monetarios, aunque -mal que no lo hiciera- con la lección aprendida y con la intención de demostrar que no es el mismo, que aún volviendo a los orígenes, hay un progreso. Como esa familia que muestra, que encuentra en la educación pública una posibilidad de construir identidad.
Hablar de Francia fluidamente es casi imposible porque la propia película atenta contra cualquier tipo de fluidez. Sí, es el punto de vista de una nena de colegio primario el que manda, pero también es cierto que el director entra y sale de él a su antojo. Caetano no es incoherente y su cambio de punto de vista no limita los alcances del film: sabe que hay cosas que la niña no podría decir y las dice él. Sin embargo, en el final, logra que ambos puntos de vista confluyan en una sola manera de ver los hechos: es el mundo adulto contaminado por el de Mariana (aunque quiere que le digan Gloria), es el pesimismo al que se le filtra una luz de esperanza representada en esa criatura que si algo va a tener es futuro. En Francia el argumento es simple, tenemos un matrimonio que está separado. Ella, Cristina (Natalia Oreiro), vive con su hija, Mariana (Milagros Caetano, hija del director). Pero necesitada de dinero decidirá alquilarle una habitación a su ex marido, Carlos (Lautaro Delgado). Estos mínimos incidentes servirán para que Caetano construya tal vez la mejor mirada a la argentina que ha dado el cine reciente desde La mujer sin cabeza.
Como decíamos, es imposible hablar ordenadamente del film, por eso destacaremos tres o cuatro puntos que resumen en cierta forma de qué habla Caetano aquí y que, además, demuestran que a pesar de lucir sencilla, la película es mucho más ambiciosa y compleja de lo que parece. Francia habla de una clase media -la nuestra, la argentina- cuyo futuro fue saqueado sin que nos diéramos cuenta. Pero a contramano de mucho del cine de su generación, hay aquí una pobreza que es circunstancial pero nunca estructural. Y eso no significa que haya escapatoria, porque al menos en el film no la hay, pero como en toda fábula -que al fin de cuentas lo es- sí se allanará el camino hacia determinado tipo de felicidad. Los personajes de Francia la pasan mal, pero no son feos. El film nunca es miserabilista. De hecho, puede ser inteligente con apenas una línea de diálogo: Cristina le cuenta a su hija que conoció a su padre comprando libros. Definitivamente estamos hablando de una clase media con aspiraciones que hoy está en el fondo del tarro.
Otra vez como en Un oso rojo, Caetano recurre al juego para construir la relación paterno-filial: si antes el “Oso” le enseñaba un truco con monedas a su hija, aquí Mariana se empecinará en resolver un juego de ingenio. Pero atención: tanto aquel de las monedas como este son juegos en los que para resolverlos hay que usar la inteligencia. No alcanza con ser ingenioso, se trata de utilizar la lógica y la coherencia. Y como le dice Carlos a su hija, por más que uno sepa que no hay solución posible no debe dejar de intentarlo. El juego, ese juego, actúa también como una referencia de la clase de personas que son los protagonistas. Y también lo hacen otros elementos que no casualmente son puestos en el plano, como por ejemplo un par de fotos: cuando Carlos visita al psicólogo (Daniel Valenzuela en un personaje que es gracioso, pero que simboliza con su caprichosa intervención que a veces Caetano puede ser un autor antojadizo) aparecen una imagen de Perón y, sobre ella, una de Freud. Para Caetano, que deja en fuera de campo al poder simbólico del Estado -aunque aparezcan asomándose algunas instituciones como un hospital o una escuela-, ese encuadre refiere inmediatamente a la sociedad como ente que fagocita sus propios logros. Ese Freud y ese Perón, dicen que hay un pueblo que merece ir al diván, tomar conciencia de sus actos ¿Es Francia, por la forma en que habla de la clase media del pasado, una película peronista? Puede ser. En todo caso creo que es un film popular y que utiliza al peronismo de manera icónica: el final, que habla de una mejora social en un día soleado, con el himno nacional, con el patio de una escuela pública, con guardapolvos blancos, es emblemático y muy poderoso desde lo cinematográfico.
Caetano demuestra en Francia, además, que se pueda hablar en el cine argentino de los márgenes de la sociedad sin caer en un romanticismo estéril o una apología de la marginalidad y el reviente. La de Francia es gente pobre, pero no pobre gente: hay momentos de luz, hay instantes de tormenta. Como en la vida. Mayormente lo hace apelando a un riguroso realismo que, cuando reconstruye desde el punto de vista de la nena, se hace algo pop y leve. Sin embargo la película no es lineal desde las formas. Ahí brilla el momento más logrado, un plano secuencia en ralenti, con el sonido fuera de sincronía y en loop, en el que el personaje de Oreiro decide renunciar a su trabajo de servidumbre en una casa de clase alta. Reunidos alrededor de una mesa hay ricos y progres bienpensantes. En ese instante la forma se hace carne y la secuencia, que parece un lujo virtuoso, resume esa otra parte de la sociedad que en el film está casi en fuera de campo pero que uno supone omnipresente: una clase que domina, decadente, incapaz de movilizarse desde lo sentimental, al borde de la autodestrucción, y que si conoce algún sentimiento es el de la indulgencia.
Francia, película militante, tiene rugosidades y momentos no tan logrados, pero preferimos destacar los otros porque precisamente es ahí donde hay que buscar sus valores: en esos riesgos que toma Caetano. Un director que después de Un oso rojo y Crónica de una fuga estaba posicionado para dirigir un film de gran presupuesto y que optó por una pequeña película sobre gente frustrada, sobre gente que nunca conocerá Francia -el país-, pero que no por eso dejarán de seguir intentándolo. Sin subrayados, una película sobre la esperanza. Y sobre la esperanza, en este país.
Mex Faliero
readccion@cineramaplus.com.ar
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"Me encantaría besarte, pero acabo de lavarme el pelo."
(Bette Davis en 'Cabin In The Cotton') |
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Isaac: -¿Cuántas veces por noche puedes hacer el amor?
Tracy: -Muchas.
Isaac: -Muchas es mi número favorito.
(Woody Allen y Mariel Hemingway en 'Manhattan') |
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"El director no puede limitarse a hacer que la gente diga lo que le toca y se vuelva a sentar. Tiene que haber algo de acción, cosillas que animen." (John Ford) |
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"Hay tipos con los pies planos. Otros tienen caspa. Yo tengo imaginación". (Tom Ewell en 'La comezón del séptimo año') |
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Maxwell: -Soy médico, pero creo en los espíritus.
Andrew: -Tienes que creer, Maxwell, porque así terminan todos tus pacientes.
(Tony Roberts y Woody Allen en 'Comedia sexual en una noche de verano') |

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