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La fille coupée en deux


Calificación //
Chabrol, una vez más, logra entrelazar el lado oscuro de la alta burguesía francesa con el suspenso.
La fille coupée en deux (Francia - 2007)

Con 50 años como realizador y más 70 películas, Claude Chabrol ha dado cuenta de un talento especial para contar de un modo sutil, distante y sin juicio moral, el costado oculto de la alta burguesía francesa. En general logra entrelazar este costado oscuro con el suspenso, en tanto este emerge de la tensión entre lo conocido y aquello que, al no contarse, se convierte en el objeto de deseo del espectador. En esa dialéctica entre un lado y el otro, se produce el suspenso. Llevando al límite esta tensión, el crimen aparece comúnmente en el cine de Chabrol. Jamás la puesta en escena de este director expone el costado moral de semejante delito. No cuenta ni la culpa ni el castigo. El crimen en esta burguesía, mera consecuencia de aquellas relaciones peligrosas. Y probablemente y con las distancias del caso, sería interesante vincular esta nueva película del realizador francés, con aquella historia varias veces filmada.

La historia en Una mujer partida en dos es la de tres personajes diferentes: una joven periodista, muy bella, ciertamente ambiciosa, probablemente inescrupulosa; un escritor mayor, que tiene una relación de amor profundo (al menos en lo dicho) con su esposa y una relación de una fuerte tensión sexual con su editora, una mujer madura con quien ni se tocan; y un joven millonario extravagante, casi manierista en su aspecto y gestualidad. Ellos enamorados de ella y ella, seductora consciente, aprovecha el deseo de ambos. Entre ambos hombres existe también un odio previo, un enfrentamiento anterior cuyo origen desconocemos a lo largo de la película.

Todos tienen deseos e intereses, certezas y sospechas a partir de las cuales articulan esas relaciones cruzadas. Lo que moviliza la trama, y atrae con potencia al espectador es aquello que está oculto. Así como el modo impecable con el que Chabrol lo cuenta. Todos los personajes son fríos, individualistas, casi exageradamente egoístas. Una clase hedonista retratada de un modo notable. Chabrol da sobre esto una clase magistral. El modo en que construye los espacios; las relaciones entre los cuerpos de los protagonistas, que ni aun en las situaciones más íntimas o escabrosas parecen tener cercanía o intimidad; la temperatura de la luz; los espacios amplios donde se mueven; los gustos refinados.

Más allá del curso que toma la historia, mientras Chabrol construye esos personajes ambiguos, y cuando las relaciones familiares parecen siempre a punto de estallar, la película es una comedia intrigante, inteligente, atractiva, fría, amoral, profunda. Pero luego, cuando el director comienza a desanudar esos cruces ocultos, la película pierde lo más interesante y a fuerza de explicar lo innecesario, quita magia, intriga e impiedad al relato. De ese modo, hacia el final, se pierde lo más destacado de esta película. Por otra parte, ciertas secuencias se alargan y reiteran, por lo cual la película pierde también el ritmo original, muy apropiado para lo que se cuenta.

En lo formal sorprende que este hombre, cercano a los 80 años, siga encontrando formas de exponer novedosamente a esta burguesía, cada día más enriquecida, más amoral, más ególatra. Su armado estético está presente tanto en el modo en que compone los planos, ni aun el más ingenuo es inocente, hasta el modo en que son marcados los actores, que parecen no alterarse ni aun en los momentos más dramáticos. De algún modo, todas las fallas del guión son sostenidas por un trabajo de dirección impecable. Tal vez, esa atención tan dedicada a la realización le haya impedido atender a los problemas que la historia presenta pasada la primer mitad de esta muy buena película. Tal vez hacia el final se haya apiadado de esos personajes, a quienes en la primer parte de su relato, supo exponer hasta el límite.

Daniel Cholakian
redaccion@cineramaplus.com.ar




A los ojos

Imán. Nadie dudaría en convertirse en Charles Denis o en Paul Gaudens. Es que Gabrielle atrae, seduce, intriga. Da para el amor fou. Hombros rectos, tez blanca, languidez, “demasiados huesos” dice mi padre. Su presencia es paradójicamente como la de la televisión donde trabaja: invasiva, superficial, cínica, inevitable. ¿Quién puede sacarle los ojos de encima a Gabrielle?

¿Y quién puede sacarle los ojos de encima a Ludivine Sagnier? Y es complejo porque ella nunca mira a los ojos, siempre esquiva, como sus labios que tienen una mueca hacia el costado. Y cuando más se nos niega algo, más atractivo se nos hace. Siempre Sagnier y sus personajes incómodos. Siempre imán. También como en La piscina de Ozon.

Niña y mujer. Sexual por implosión. Capaz de sucumbir a los desafíos que le plantean sus personajes, tanto así como su Gabrielle se presta a las perversiones del escritor que la duplica en edad. ¿Perversiones? ¿Quién llamaría así a algo hecho por placer? Pero hay que ser… Sus ojos no lo revelarán al final que no es tan así.

Pero es verdad, es imposible sacarle los ojos de encima a Ludivine cada vez que aparece en pantalla. Es una de las actrices con mayor presencia cinematográfica, una bestia que avanza por los territorios del primer plano con la parsimonia de los felinos más traicioneros.

Es tan magnética su presencia que sólo ella puede sostener y soportar la metáfora grosera del final imaginada por Chabrol en Una mujer partida en dos. Nos olvidamos de todo y es ella a la que miramos. Y por primera vez, paradójicamente, nos devuelve la mirada. Y descubrimos ese otro nivel al que todo conduce, alejado de la linealidad. Detrás de la belleza hay otro mundo y sólo mirándolo los ojos se puede descubrir esa verdad. Es como el miedo y por eso Sagnier lo esconde. Sabe de la fragilidad.

Mex Faliero
redaccion@cineramaplus.com.ar
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"Hay un viejo chiste. Dos ancianas están en un spa, y una dice: '¡Ajjj!, La comida de este lugar es horrible'. La otra dice: 'Si, ya sé, y las porciones son tan pequeñas'. Bueno, esencialmente eso es lo que yo pienso de la vida. Está llena de soledad, miseria, sufrimiento e infelicidad... y encima todo se acaba demasiado pronto."
(Woody Allen en 'Annie Hall')

"Una película de éxito es aquella que consigue llevar a cabo una idea original."
(Woody Allen)

"Me encantaría besarte, pero acabo de lavarme el pelo."
(Bette Davis en 'Cabin In The Cotton')

"En este mundo en que vivimos el amor es ilegal, pero el odio no"
('Irma la douce')

"Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína."
(Groucho Marx)

 
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